Dr. David De Rungs: el verdadero reto de la cirugía estética no siempre es transformar

02 de septiembre del 2026

Hoy la cirugía plástica ofrece más posibilidades que nunca. Es posible modificar proporciones, reposicionar tejidos, recuperar volumen y trabajar prácticamente cualquier rasgo que genere incomodidad frente al espejo. Sin embargo, tener más herramientas también plantea una pregunta fundamental: ¿realmente todo necesita cambiar?


Para el Dr. David De Rungs Brown, cirujano plástico, estético y reconstructivo, una parte esencial de la cirugía contemporánea comienza mucho antes de entrar al quirófano. Se trata de entender qué busca cada paciente, qué puede beneficiarle y, quizá igual de importante, qué características forman parte de su identidad y vale la pena conservar.


En una época dominada por filtros, fotografías editadas y estándares de belleza que cambian constantemente, la percepción que una persona tiene de sí misma puede verse influenciada por imágenes que difícilmente representan la realidad. Por eso, hablar de cirugía estética también implica hablar de expectativas.


Desde esta perspectiva, el objetivo no tendría que ser perseguir un rostro determinado o intentar reproducir el resultado de alguien más. Cada persona tiene una estructura, proporciones y características propias que deben formar parte de la conversación antes de decidir cualquier procedimiento.


Esta visión adquiere especial relevancia cuando se habla de procedimientos como el facelift o la rinoplastia. Más que buscar una transformación absoluta, el planteamiento puede centrarse en realizar cambios que respeten la armonía general del rostro y permitan que el resultado tenga sentido para quien lo lleva.


También está el paso del tiempo. Envejecer forma parte de la vida, y la cirugía estética contemporánea plantea cada vez más conversaciones alrededor de cómo acompañar esos cambios sin perder las características que hacen reconocible a una persona.


Quizá ahí se encuentra uno de los grandes retos de la cirugía plástica actual: tener la capacidad de transformar, pero también el criterio para saber cuándo hacerlo. Porque una buena decisión estética no necesariamente empieza preguntando ¿qué puedo cambiar?, sino ¿qué quiero conservar de mí?.